Cada día que pasa, Nicaragua pareciera ser el país donde el conflicto es la cosa más común, el pan nuestro de cada día, salimos de uno e inmediatamente entramos a otro. Unos son artificiales, creados por quienes tienen el poder para dividirnos, confundirnos, quitarnos el sosiego y desenfocarnos de lo verdaderamente importante, otros obedecen a causas naturales y ambos, por lo seguido con que ocurren, dan la impresión de que padecemos la maldición de Sísifo, quien al enfadar a los dioses, fue condenado a la ceguera y empujar a perpetuidad una enorme piedra montaña arriba, solo que antes de llegar a la cima, cae cuesta abajo con la pesada carga para volver a empezar de nuevo y así de manera indefinida.