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A 25 mil asciende el número de personas infectadas en Panamá con VIH-Sida desde que se diagnosticó el primer caso en 1984, de los cuales el 60 por ciento falleció.
De acuerdo con Orlando Quintero, director de la Fundación Pro Bienestar y Dignidad de las Personas Afectadas por el VIH-Sida (Probidsida), en el país se realizan cerca de 50 diagnósticos mensuales de la enfermedad en el Hospital Santo Tomás (HST) y la Caja del Seguro Social (CSS).
Sobre el crecimiento del VIH en Panamá, agregó que hace unos siete años, entraban 50 pacientes por mes a ambas instituciones de salud; sin embargo, hoy, en una sola, ingresan hasta 90, lo que representa 'un signo de alarma brutal'.
El médico pediatra declaró que el 20 por ciento de los pacientes que ingresan mensualmente al HST son extranjeros, en su mayoría nicaragüenses, colombianos, dominicanos, hondureños y venezolanos, mientras unos 10 mil reciben tratamiento antirretroviral.
Esta epidemia no se va a controlar en unos meses, ni con una sola acción, sino con esfuerzos conjuntos que concienticen y sensibilicen a la población, agregó Quintero. Desde el 2015, el Ministerio de Salud lidera la campaña de prevención, que promueve la realización de pruebas masivas de VIH en distintas partes del país.
Según el titular de Salud, Miguel Mayo, Panamá es una de las naciones de la región que está a punto de conseguir el objetivo 90-90-90 fijado por Naciones Unidas para el 2020.
Esta estrategia promueve que el 90 por ciento de las personas con VIH conozcan su estado serológico, igual cantidad de diagnosticadas reciban tratamiento antirretroviral continuado y las tratadas alcancen la supresión del virus.
Precisó que entre los más afectados sobresalen los jóvenes, particularmente el grupo comprendido entre los 19 y 44 años, mientras que entre las estrategias implementadas por las autoridades para detectar a tiempo el contagio se encuentra la realización de las pruebas de VIH-Sida y sífilis de manera gratuita.
Mayo agregó que a esta iniciativa se suma la puesta en marcha de seis clínicas amigables, donde el personal de salud atiende dignamente a las personas que tienen un alto riesgo de padecer de esta enfermedad u otras de trasmisión sexual.